En las aguas de nuestros ríos hay tres tipos de salmónidos, truchas, reos y salmones. La situación del salmón es muy delicada, concretamente en Galicia ha quedado reducida su presencia a unos pocos ríos, siendo el Eo el que presenta la mayor población, con varios cotos gallegos y otros compartidos con Asturias, de momento no se pone límite global de capturas. El otro río con una población con visos de recuperación es el Ulla, con tres cotos y un cupo fijo anual, en el resto de ríos, Miño, Lerez, Mandeo, Masma, su presencia es testimonial. La merma de estas poblaciones de salmónidos y ríos salmoneros es evidente que guarda una estrecha relación en primer lugar con las infraestructuras hidráulicas realizadas en los ríos desde los años 40 del siglo XX y con el enorme desarrollo social de los últimos 25 años, desarrollo nada respetuoso con el medio natural y al que todavía estamos a tiempo de poner algún remedio. Lejos quedan los años de los concursos organizados por el Club en los cotos del Ulla, con jornadas de una docena de ejemplares, siempre de tamaños superiores a los actuales, como el salmón que pescó Germán Suarez de 12,4 kg, y no había fibra de carbono.

La situación del reo es menos delicada, pero en franco deterioro por las mismas causas indicadas antes, aún así, es posible pescar alguno cada temporada, cada vez de menor tamaño pero siempre su entrada en el río es esperada por todos los aficionadas a esta pesca, realmente interesante.

Otra cosa es la población truchera, no cabe duda de que su situación actual solo es una sombra de lo que fue, pero con todo, sigue habiendo una abundante población en todos los ríos, en parte gracias a la enorme red hídrica y también a la tenacidad de estos animales que nos quitan el sueño cada comienzo de temporada. Las características ácidas de los aguas gallegas, hace que el crecimiento sea más lento que en ríos de otras lugares con base caliza, por lo que la medida mínima fijada por la Xunta de Galicia en los últimos años es de 17 a 21 cm según el tramo de río, aumentando su medida en los tramos más bajos de los ríos, según se establece en la Orden de Vedas de cada año.